Dos Errores Crasos de Alvaro Uribe

Escrito por no-violencia 13-03-2013 en General. Comentarios (0)
El coco de que el presidente Uribe dirija un Congreso desfavorable a las negociaciones de paz no lo creo muy factible. Pienso que la política del Sr. Uribe tiene dos errores fundamentales, que el proceso mismo aclarará a los colombianos. El primer error es hacer creer que habrá una paz con impunidad. Decir que esa justicia, que el mismo expresidente Uribe ha desprestigiado e invitado a desacatar, debe estar por encima de cualquier acuerdo de paz y que cualquier acuerdo de paz tiene que ajustarse primero que todo a la justicia es un desentendimiento de lo que es un acuerdo de paz. El acuerdo de paz nunca es un juicio de justicia. Es decir, lo que se acuerda es la terminación de la guerra, único propósito de la paz, y no el juzgamiento de los insurrectos. Se sabe que sin que se haya definido la justicia no puede tener éxito la paz en Colombia, pero eso es secundario al paso de obtener una acuerdo de terminación de la guerra. Terminar la guerra es el objetivo del acuerdo de paz y el juzgamieto de delitos es un capítulo aparte en el que participan las FARC y sus víctimas con el apoyo del gobierno. Sin que haya un acuerdo para terminar la guerra, cualquier juzgamiento no tiene sentido. La justicia tiene sentido después de que se acuerde la terminación de la guerra. Por ejemplo, todos los días se están deteniendo y juzgando miembros de las FARC, pero ninguno de esos juzgamientos garantiza la terminación de la guerra. Lo que demuestra que la justicia se está aplicando, pero eso no lleva a ninguna terminación de la guerra ni tampoco puede constituir en sí un acuerdo de paz. No se está negando la aplicación de justicia, se está aclarando que la aplicación de justicia no es ningún acuerdo de paz ni ningún medio para terminar la guerra. Si lo que se quiere es terminar la guerra, entonces, eso es lo que debe tener toda la concentración de Colombia. Meterle trancas de una supuesta justicia o cualquier otra cosa es sabotear y destruir el proceso de paz. Cada cosa a su debido tiempo. Y el tiempo ahora es la terminación de la guerra. Tambien hay que considerar que el hecho de que delitos de lesa humanidad no puedan quedar impunes no quiere decir que no puedan ser perdonados. Es decir, si las FARC reconocen a sus víctimas y estas deciden perdonarlas, entonces no ha existido ninguna impunidad. Y esto ha sido sostenido y apoyado por Tratados, Convenciones y organizaciones de carácter mundial. La terquedad de que los delitos de lesa humanidad tengan que castigarse es fabricada para entorpecer e impedir el perdon. La razón de atacar constantemente a las FARC es la de mantener el odio entre las víctimas contra las FARC e impedir que se logre cualquier perdón. El segundo error del Sr. Uribe es hacer creer la generalidad de que los criminales no pueden ser elegibles. Decir que ningún criminal debe ser elegido a cargos públicos, a pesar de que el mismo expresidente Uribe ha abogado por parapolíticos y exigido garantías políticas para Arias, porque es inmoral, alimenta la corrupción y el crimen, no se ajusta con lo que es un acuerdo de paz entre enemigos políticos de muerte. Los crímenes de las FARC fueron cometidos para financiar la destrucción del estado y su toma del poder. Por atroces que sean sus crímenes, todos estuvieron enmarcados en una estrategia política, por eso sus crímenes no pueden clasificarse de otra manera que políticos. En la negociación que toca la criminalidad política en Colombia se cuenta con el precedente de que el Estado está en deuda con la ley por caer en el error de cometer los mismos crímenes de las FARC sin tener ninguna necesidad u obligación para ello. El Estado creó los paramilitares (Estatuto de Seguridad y Defensa de la Democracia, 1978, y Ley 3567 de 1994 ) y les permitió que se financiaran con el narcotráfico e hizo caso omiso de que cometieran todos los crímenes de lesa humanidad que les conviniera. El terrorismo es político y el terrorismo del paramilitarismo es terrorismo por el Estado de la misma forma que el terrorismo de las FARC es terrorismo contra el Estado. Como el terrorismo paramilitar no tiene programas agrarios, de salud, educativos ni representa ninguna alternativa de poder diferente a la del Estado, entonces, políticamente representan al Estado, pero como su existencia gira alrededor del crimen como las bacrim es obvio que su caracter político es una extensión de los intereses políticos del estado en relación al debilitamiento de las FARC, pero no en relación a la actividad criminal. Es decir, sin la política del Estado, el terrorismo de los paramilitares es huérfano políticamente. De ahi que los paramilitares pueden ser catalogados plenamente como narco-terroristas sin política propia. Y por lo tanto inelegibles a cargos públicos. Las FARC nacieron de puros intereses políticos, los liberales. Crecieron con intereses políticos comunistas. Y se desarrollaron con intereses políticos internacionales de bolivarismo. Todo el conjunto de los intereses políticos de las FARC han sido financiados y propulsados con la criminalidad y la ilegalidad. Está históricamente comprobado que las FARC lideran intereses políticos. Los intreses políticos de las FARC, sean los que sea, tienen cabida en cualquier sistema democrático, lo que no tiene cabida es su criminalidad ni su ilegalidad. Por lo tanto, las FARC tienen derecho a impulsar sus políticas y como entes políticos dentro de una democracia sus miembros tienen derecho a ocupar cargos públicos por elección popular o nombramiento. Todos los crímenes de las FARC obedecen a la financiación y destrucción del Estado colombiano, unos son crímenes atroces otros no, pero todos cometidos dentro del marco de una beligerancia de subversión política armada. El acuerdo de paz busca la terminación de las FARC como una fuerza beligerante armada no como una fuerza política. Ninguna fuerza política puede ser descriminada, opacada, negada o desconocerse dentro del respeto a la libertad política de los ciudadanos. Las FARC caben y pertenecen políticamente a la oposición y deben recibir garantías e incentivos para que ejerzan ese derecho político a toda plenitud. Los crímenes cometidos con el propósito de tomar el poder por las armas están circunscritos a ese contexto y no tienen validez ni razón de existir cuando la toma del poder se ajusta a las reglas y fundamentos de la democracia. Los crímenes cometidos bajo un objetivo político solo pueden juzgarse dentro de ese objetivo político. Si el objetivo político cambia de armado a democrático los crímenes del pasado no tienen ninguna relación con los objetivos políticos del presente, porque los objetivos del pasado, tomar el poder por la violencia de las armas, ha sido derrotado. Ha dejado de existir. Ha sido sepultado. Es irrazonable que delitos cometidos dentro de una opuesta forma de hacer política tengan alguna validez o siquiera mención cuando esa forma de hacer política ha sido terminada por la misma organización política. La participación política de la organización rebelde dentro de la legalidad y garantías democráticas del Estado es una obligatoria responsabilidad del Estado para un acuerdo de paz. El Estado no está dando nada distinto de lo que la Constitución le obliga otorgar a todos los ciudadanos que se ajustan a la Ley y a las reglas de la democracia. Si lo que se quiere es la terminación de la guerra en Colombia con el triunfo de la democracia, entonces, las garantías de electividad a los miembros de las FARC son necesarias, obligatorias y una responsabilidad constitucional del Estado. Los conceptos que le he expuesto, que son apartes de mis escritos, muestran que la ciudadanía tarde o temprana aprenderá los detalles d este proceso de paz y que las premisas políticas del expresidente Uribe seguirán decayendo frente a realidades que no pueden taparse con los dedos. La política de la Unidad Nacional se verá fortalecida con una agresiva campaña del Sr. Uribe porque con mayor facilidad aglutinará a su alrededor la grande y silenciosa, pero no acabada, ola verde original y los sectores liberales y de izquierda cansados de la guerra y que quieren darle una oportunidad definitiva al gobierno que ha liderado a todo riesgo político una definitiva solución de paz con las FARC. El Congreso del 2014 podrá tener alguna oposición a su interior, pero al igual que la que existe hoy, del uribismo en el Partido de la U, su ingerencia y poder no serán significantes. La tácita división del conservatismo o su aparente unidad no será muy diferente de la que exhibió en el 2010. Y fuera de eso no hay nada nuevo que el Sr. Uribe pueda captar para sus huestes. La postulación del Sr. Uribe también estimulará a sectores de la derecha y la izquierda específicamente en su contra. Sobre todo puede llegar hasta inspirar lo impensado, la unión del centro y la izquierda en un bloque que indefectiblemente tomaría el poder o que por lo menos daría la conformación de un Congreso mucho más decidido por un acuerdo de paz que el actual.